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Opinión
Kirchnerismo

La guitarra de Amado

En el punto culminante de su adhesión al gobierno anterior, un amigo, profesor universitario, llegó a decirme que Amado Boudou era el hombre más lindo de la Argentina. Así de incondicionales son las emociones que atacan o defienden a las figuras del kirchnerismo.

Por: Jorge Cuadrado
Miércoles 08 de Agosto de 2018
Amado Boudou Guitarra

Ayer, cuando Boudou tuvo la última palabra antes de escuchar la dura condena a casi seis años de cárcel, y dijo que se había montado una venganza de clase contra alguien que quiso cambiar las cosas en el país, en ese mismo momento y ante las mismas palabras algunos lo sintieron Cristo y otros el demonio.

Para ser estrictos con su currículum, Amado fue un joven militante de la UCeDé, las huestes de la derecha más rancia de la Argentina, amante de las motos Harley Davidson, las guitarras Gibson, los departamentos de Puerto Madero y las chicas modelo, que en una verdadera lucha de clases consigo mismo fue mutando hasta ser vicepresidente de la causa nacional y popular.

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Si algo simboliza Amado Boudou es la típica hipocresía de la clase política nacional. Gente que defiende la escuela pública y manda sus hijos a una privada o aboga por la lucha de clases con una moto norteamericana estacionada en una cochera de Puerto Madero, mientras paga 50 mil pesos de expensas por el departamento con plata que no es suya.

Es casi seguro que la historia no registrará jamás que Boudou quiso cambiar el país. A cambio lo que sí logró transformar fue su nivel de vida. Desde los altos sillones oficiales pudo darse esos lujos de playboy que probablemente había deseado y hasta intentó apropiarse de una fábrica de billetes para cumplir el postergado sueño del autoabastecimiento. Para su desgracia, los votos primero y los jueces después le cortaron el camino.

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Como una cruel ironía del destino, su incursión política termina tras las rejas, igual que la jefa política e ideológica de sus comienzos: María Julia Alsogaray.

Porque si en algo Boudou se acerca a la razón es en que el poder político suele abandonar a los desvalidos cuando no llevan la marca de su manada. Pero se dio cuenta tarde. Cuando ya no había tiempo de cambiar la guitarra eléctrica por una criolla, la que toca Aníbal Fernández, al que los brazos de los tribunales ni siquiera le han arrugado el saco.

Esta columna fue publicada en el programa Córdoba al Cuadrado de Radio Suquía – FM 96.5 – Córdoba – Argentina.

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