Los ojos de España están puestos en el caso Rodríguez Zapatero. La imputación al ex presidente por tráfico de influencias impacta sobre el gobierno de Pedro Sánchez.
La ansiedad con que los líderes del PP y Vox, además del ex líder del PSOE y cabeza del gobierno más exitoso de la centroizquierda europea, Felipe González, convierten a José Luis Rodríguez Zapatero en un ariete para tumbar el actual gobierno de coalición, evidencia la profunda aversión que sienten por Pedro Sánchez. Una aversión que no se justifica totalmente en los pocos escrúpulos de Sánchez a la hora de formar coaliciones que incluyen al separatismo más rancio, incluido aquel que tiene sangre en su historia, como Bildu, el reciclado actual de lo que fue Herri Batasuna, el brazo político del criminal independentismo vasco que expresaba ETA.
El gobierno del inescrupuloso Sánchez puede exhibir buenos resultados en el terreno social y económico. Además, la elegante soltura con que el presidente del Gobierno español se maneja en el escenario europeo les causa a personajes más bien grises como José María Aznar, Alberto Núñez Feijoo y Santiago Abascal una viscosa mezcla de celos y envidia que no pueden contener.
Felipe González no tiene nada que envidiarle a Sánchez, pero lo resintió haber sido dejado de lado de una manera agresiva por el sanchismo, o sea la guardia nueva del PSOE y la izquierda ideológica que sostiene la mayoría en el parlamento.
Las investigaciones judiciales dirán si Rodríguez Zapatero incurrió en los delitos que le imputan, particularmente con su mediación a favor de la aerolínea venezolana Plus Ultra durante la pandemia.
Que un ex primer ministro europeo se dedique a ganar dinero como lobista de empresas, es común. Dar conferencias y apalancar empresas nacionales en otros países es la regla en los ex gobernantes. También lo hicieron Felipe González, Aznar y demás. Todos amasaron fortunas y no siempre de la manera más clara.
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Pero hay casos más oscuros aún, y en esa vereda sombría podría estar parado Rodríguez Zapatero junto con Gerhard Schroeder. Ese ex canciller socialdemócrata de Alemania transgredió algunas líneas rojas al aceptar de Vladimir Putin la presidencia de Rosneft, empresa petrolera del estado ruso, y la presidencia del Consejo de Accionistas del consorcio Nord Stream. Ese vínculo con el controversial jefe del Kremlin lo hizo multimillonario, pero al precio de una ola de acusaciones y cuestionamientos en Alemania, donde incluso se le siguen juicios por complicidad con los crímenes de guerra cometidos por Putin en Ucrania.
A la sombra de Pedro Sánchez, el ex líder del PSOE Rodrigo Zapatero recobró influencia y protagonismo en la cúpula del socialismo español. De tal modo, de ser encontrado culpable impactaría en la línea de flotación del sanchismo. Y el talón de Aquiles de Zapatero está en la sospecha de que se enriqueció ilegalmente siendo “mediador” en sucesivas negociaciones entre el régimen de Nicolás Maduro y la oposición venezolana.
Los anteriores jefes de gobierno también fueron lobistas desde que salieron de La Moncloa. Pero actuaban a favor de empresas españolas en el mundo. En cambio Rodríguez Zapatero representó intereses chavistas en el mundo.
Lo evidente es que sus mediaciones en Venezuela siempre resultaron funcionales a la dictadura chavista y perjudiciales para la disidencia. Falta probar fehacientemente que por la empresa aérea Plus Ultra no hizo asesoramiento, sino que usó su influencia para la ayuda financiera que recibió del gobierno español.
El turbio vínculo entre Rodrigo Zapatero y la dictadura chavista siempre fue evidente. Falta ver si a la sombra de ese vínculo amasó una fortuna. Si así fuere, las grises dirigencias de la derecha y la ultraderecha españolas, además de Felipe González, podrán disparar al Talón de Aquiles del astuto Pedro Sánchez por primera vez con posibilidad cierta de dar en el blanco.