Hasta hace poco, decir Abelardo de la Espriella era pronunciar un nombre raro, como de personaje de Giovanni Bocaccio. Hoy está en la portada de todos los medios de las Américas por haber ganado la primera vuelta de la elección presidencial en Colombia.
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De la Espriella superó en votos a Iván Cepeda, el candidato del oficialismo, y a Paloma valencia, la candidata del ex presidente Alvaro Uribe. De tal modo, el ballotage puede convertir en presidente de Colombia a un ultraderechista que ha militado todas las posiciones recalcitrantes, como la oposición a la eutanasia, a la interrupción voluntaria del embarazo, al matrimonio igualitario, a los derechos por los que lucha el feminismo etcétera. También ha defendido millonarios corruptos y a jefes de las milicias paramilitares. Y en este proceso electoral hizo campaña identificándose con Donald Trump, Nayib Bukele y Javier Milei. De tal modo, de llegar al poder se sumará a la llamada “ola reaccionaria” que promueve transferir el poder del estado a los mega-millonarios que desarrollan la Inteligencia Artificial y la tecnología digital que maneja la Big Data.
Eso lo convierte en el beneficiado por los algoritmos que posicionan mensajes y liderazgos en las redes. A su favor jugarán los gigantes de internet y los dueños de las redes sociales. Quien tiene el desafío de sortear los obstáculos que le pondrán en la segunda vuelta es Iván Cepeda, el candidato izquierdista que alcanzó el 40% de los votos, tres puntos por debajo del candidato ultraderechista.
Si lograra imponerse en el ballotage, Cepeda sería la continuidad de lo que ha sido el primer gobierno izquierdista de toda la historia de Colombia. Gustavo Petro ha tenido una política exterior opaca y jabonosa. También ha tenido notables fracasos como su política de Paz Total con las guerrillas que no se plegaron a los acuerdos negociados por el ex presidente Juan Manuel Santos y las FARC.
Pero con Petro Colombia tuvo un aceptable crecimiento económico, hubo inversión privada nacional y extranjera, creció el salario mínimo, el trabajo en blanco y la capacidad de consumo de las clases medias y bajas.
Habría motivos para que el candidato de Pacto Histórico, el partido de Gustavo Petro, obtenga una continuidad de estas políticas. Pero están su pésima política de seguridad, las poses chocantes y los floreos ideológicos banales del actual presidente. Y eso, en un periodo de bipolaridad política, hunde el centro político y mueve el péndulo electoral entre los extremos.
Para las urnas del 21 de junio parte con ventaja De la Espriela, no sólo por los tres puntos de ventaja que obtuvo sobre Cepeda, sino porque en la tercera posición quedó Paloma Valencia, la candidata impulsada por el ex presidente Álvaro Uribe, lo que hace suponer que los votos que obtuvo irán en el ballotage hacia el candidato ultraderechista.
El uribismo es la derecha dura colombiana, un conservadurismo cerrado y desafiante. Pero lo que viene no es lo mismo. Lo que viene, de repetirse en la segunda vuelta el resultado de la primera ronda electoral, es Colombia montada en la ola ultraconservadora que, con Donald Trump a la cabeza, intenta reemplazar la democracia liberal por plutocracias gobernadas por los zares de la IA, los algoritmos y la tecnología digital.