La esquina que domina la neurálgica Plaza Enghelab, donde las multitudes protestaron en 1979 hasta la caída del sha reza Pahleví, un mural gigantesco muestra el cadáver de Donal Trump dentro de un féretro, con su panza voluminosa venciendo los botones de la camisa que lleva a modo de mortaja.
“Mataremos a Trump”, dice el letrero. Lo mismo que, días antes de la aparición del mural, había dicho el régimen iraní a través, supuestamente, de su actual máximo líder, Muqtada Jamenei, aunque no apareció públicamente dando ese mensaje si fue su voz grabada y puesta al aire la que lo anunció. Fueron los medios oficiales de comunicación los que dijeron que el líder supremo dijo que los responsables por la muerte del ayatola Alí Jamenei pagarán con su vida ese asesinato, perpetrado mediante el bombardeo que dio inicio a la guerra en curso.
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Ahora fue la foto de la antiguamente llamada Plaza de la Estatua, porque la presidía un monumento a Reza Shah, padre del último monarca persa, la que anunció al mundo que la teocracia iraní vengará la muerte de quien la lideró durante 37 años, matando a los responsables de ese crimen. Y los responsables de ese crimen son el presidente que aparece en el ataúd del mural, y quien lo involucró en esta guerra: el primer ministro israelí Benjamín Netanyahu.
De este modo, el régimen está movilizando la memoria histórica y el fanatismo religioso contra sus actuales máximos enemigos.
La memoria histórica los remonta al ayatola Jomeini cuando, meses antes de morir, dictó la fatwa (dictamen religioso) que condenaba a morir asesinado por cualquier musulmán en cualquier parte del mundo y en cualquier momento, el escritor Salman Rushdie, quien había retratado al creador del régimen como un monstruo que devoraba a su propio pueblo.

La otra figura entre histórica y mística a la que, sin nombrarlo, está recurriendo el clero fanático y su brazo militar, el Cuerpo de Guardianes de la Revolución Islámica, es Hujjat Allah al Mahdi. Se trata del duodécimo imán y quien, en el siglo IX, fue ocultado por temor a que lo capturara y sometiera al califato abasida.
En la historia del chiismo duodecimano, el Mahdi tuvo dos ocultaciones. Durante la primera, que se extendió por varias décadas, hubo cuatro interlocutores que llevaban su mensaje a la comunidad chiita.
Esa fue la “ocultación menor”, tras la cual vino la llamada “ocultación mayor”, a partir de la cual el Mahdi nunca más volvió a comunicar mensajes a través de interlocutores ni de ninguna otra forma, y recién volverá a hacerlo cuando retorne al mundo y lo haga en cuerpo presente.
En eso cree el chiismo duodecimano, o chiismo imamita, que es mayoritario en esta rama del Islam.

La sentencia a morir contra Trump y Netanyahu en venganza por haber asesinado al ayatola Jamenei, procura enancarse en la sentencia contra Rushdie, la que, desde su establecimiento en la fatwa de Jomeini, causó muchas muertes y atentado, incluido el que dejó al borde de la muerte al escritor condenado por ese edicto religioso, apuñalado en el 2022 por un fanático durante una conferencia en Estados Unidos. Y es probable que esta no sea la única apelación del régimen. Nadie vio emerger con vida entre los escombros a quien se supone hoy es el líder supremo de los iraníes.
Nunca más apareció en público y sus mensajes son leídos por los locutores de los medios oficiales de comunicación. Pero ni siquiera su voz ha sido escuchada.
La pregunta es si realmente vive o si murió junto a su padre en el bombardeo israelo-norteamericano y el ala dura del régimen, o sea el clero de los ayatolas y el generalato del Cuerpo de Guardianes de la Revolución Islámica, está intentado mantener artificialmente viva su presencia, recreando la ocultación que el clero del siglo IX hizo con el duodécimo imán.

De ser esta la razón por la que nunca más se ha visto ni escuchado a Muqtda Jamenei desde el bombardeo en el que murió su padre, su madre, su esposa y su hija, quedando él muy malherido, el autor de esta siniestra manipulación histórico-religiosa sería el ala fanática y belicosa que está encabezada por el clero y su brazo militar.
¿El objetivo? mantener sometido al ala más secular del régimen y también a la población.



