Tres ataques iraníes consecutivos a cisternas que intentaban atravesar el estrecho de Ormuz hicieron estallar a Donald Trump. “Se acabó”, dijo el presidente de Estados Unidos”. “Son escoria”, añadió en referencia al régimen iraní. “Hablar con ellos es perder el tiempo”, sentenció en consecuencia, dando por finalizada la tregua y por caído el Memorándum de entendimiento que guiaba negociaciones hacia un acuerdo de paz.
De tal ¿vuelve la guerra? Es probable que así sea, pero también es probable que se haga revivir la tregua.
La probabilidad de que la guerra sea retomada plenamente tiene varias razones, además de los últimos ataques iraníes a buques petroleros en el Estrecho que conecta el Golfo Pérsico con el Mar de Omán y la salida al Océano Indico. Una razón es que ni bien entró en vigor la tregua y el memorándum, la mayoría en Estados Unidos y en el resto del mundo lo vio como una victoria de la teocracia chiita.
Cuando Trump cayó en cuenta de esa percepción generalizada, empezó a escuchar más los pataleos de Netanyahu contra la tregua. Y también le fue perdiendo la paciencia a los desplantes del ala dura del régimen iraní. La persistencia de Teherán en mantener el control de Ormuz y los tres últimos ataques fueron la gota que colmó el vaso.
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La pregunta es si, anunciada la ruptura de la tregua, ya no hay chances de restablecerla, aunque sea después de algunos ataques norteamericanos de represalias y sus obligadas respuestas de parte de Irán lanzando misiles y drones sobre Kuwait, EAU, Qatar o Bahrein. La respuesta es que aún quedan razones en ambas veredas, la norteamericana y la iraní, para el intento de restablecer la tregua.
El ala política del régimen, encabezada por el presidente Pezeshkian y el titular del Majlin (parlamento) Baqer Qalibaf, entienden el beneficio económico que Irán obtenía con el acuerdo alcanzado y plasmado en el memorándum. Muchos cientos de millones de dólares para la reconstrucción, además de los cientos de millones de dólares que le daba el restablecimiento de sus exportaciones de crudo y el acceso al mercado norteamericano de petróleo y sus derivados.
La mirada fanática de la cúpula de los Guardianes de la Revolución Islámica está arruinando por su belicismo obtuso lo que claramente era un resultado sumamente ventajoso como final del conflicto, poniendo también en riesgo la imagen triunfal con que había logrado salir de este conflicto.
Sería lógico que el ala política logre imponerse sobre el Cuerpo de Guardianes la Revolución Islámica y se esfuerce por volver a la situación ventajosa que acaba de perder.
¿Por qué aceptaría Trump volver a tratar con lo que considera “una escoria” con la que “hablar es una pérdida de tiempo”? Porque él estaba políticamente derrotado en esta guerra. Sus errores garrafales de cálculo, inducidos por Netanyahu, lo llevaron a un callejón sin salida en la que nunca se producía lo que él anunció que ocurriría: la destrucción del régimen o su capitulación absoluta en dos o tres semanas.
El reinicio de la guerra no pondrá esos objetivos al alcance de la mano de Trump. Por su naturaleza, el régimen puede subsistir a la destrucción de todo Irán sin perder la capacidad de seguir haciendo daño a la economía global y a los países del Golfo que son aliados a Estados Unidos.
Ambas partes vuelven a ponerse en sus respectivas miras, pero en las dos aún hay razones para no apostar al reinicio de la guerra.