Catalina Giraldo, la psicóloga colombiana de 30 años que había pedido acceder al suicidio médicamente asistido por un severo cuadro de salud mental, murió tras recibir la eutanasia.
La joven se había convertido en la primera persona en Colombia en solicitar de manera formal ese procedimiento por trastornos mentales, luego de años de tratamientos, internaciones y una larga batalla judicial.
A los 20 años, Giraldo fue diagnosticada con trastorno depresivo mayor severo y persistente, trastorno límite de la personalidad y trastorno de ansiedad no especificado.
Una larga lucha
Durante casi una década, atravesó más de 40 tratamientos farmacológicos, tres ciclos de terapia electroconvulsiva, tratamiento con ketamina y varias internaciones psiquiátricas por intentos de suicidio.

“Es como una sensación de vacío con la vida, que lo siento físicamente, en el pecho, y me duele”, había contado en una entrevista con Noticias Caracol.
En Colombia, el suicidio médicamente asistido fue despenalizado en 2022 por la Corte Constitucional, que lo reconoció como parte del derecho a morir dignamente.
Sin embargo, a diferencia de la eutanasia, que cuenta con protocolos y regulación, el suicidio asistido todavía no tiene un marco normativo claro para su implementación.

Giraldo presentó formalmente su pedido en octubre de 2025 ante su prestadora de salud, pero la solicitud fue rechazada con el argumento de que no existían condiciones normativas ni operativas que garantizaran su realización de manera legal y segura.
Luego, un juez de Bogotá rechazó su planteo al considerar que podía acceder a la eutanasia, procedimiento en el que el personal de salud administra el medicamento que provoca la muerte.
El último mensaje de Catalina
Horas antes del procedimiento, Catalina dio una entrevista en la que habló de la decisión que había tomado. “Me siento muy tranquila. Hace muchos años no sentía esta tranquilidad”, expresó.

“Quita un peso inmenso saber que tu sufrimiento no va a prolongarse indefinidamente en el tiempo sino que más bien puedes pararlo, puedes detenerlo, puedes decir que es suficiente”, sostuvo.
La psicóloga también relató que su última hospitalización había marcado un punto de quiebre. “El riesgo de suicidio era muy alto. Me vi en una cama de hospital por un número de veces que ya olvidé”, dijo.
“No podía caminar; estaba muy restringida porque estaba en un área de supervisión. Entonces me dije a mí misma que no podía volver a estar en ese lugar”, completó.



